Infarto antes de los 60: argentinos en riesgo

Más de 100 infartos por día. Son 40.000 al año, y las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de muerte en Argentina: 3 de cada 10 fallecimientos tienen al corazón como protagonista.
Ese número es grave. Pero hay otro que preocupa todavía más a los cardiólogos: las muertes por infarto en menores de 60 años crecieron un 73% respecto a la prepandemia, según datos de la Sociedad Argentina de Cardiología. El infarto dejó de ser, hace tiempo, una enfermedad de adultos mayores.
El perfil del paciente que cambió
Durante décadas, la imagen mental del infarto era clara: un hombre de más de 65 años, con sobrepeso, quizás diabético, quizás fumador. Ese perfil sigue existiendo. Pero en los últimos años los cardiólogos empezaron a ver cada vez más algo diferente: pacientes de 35, 40, 45 años, con trabajos de mucho estrés, sedentarismo desde temprano y factores de riesgo que se instalaron silenciosamente desde la adolescencia.
El problema es que esos factores de riesgo no duelen. La hipertensión arterial, el colesterol elevado, la glucemia en zona de prediabetes — ninguno de estos tiene síntomas claros en las primeras etapas. Se acumulan durante años sin que la persona lo sepa, y el primer aviso puede ser el infarto mismo.
Los factores de riesgo que se instalan antes de los 30
Un estudio publicado en la Revista Argentina de Salud Pública sobre universitarios argentinos encontró datos que deberían llamar la atención: la mitad no realiza actividad física regular y más del 21% ya tiene el colesterol alterado. Son personas de entre 18 y 25 años.
El sedentarismo, la alimentación rica en ultraprocesados, el estrés crónico, el tabaquismo y el consumo de alcohol son los principales factores modificables. "Modificables" significa que se pueden cambiar — pero también significa que si no se cambian, el daño se acumula.
La obesidad agrava el panorama: cuando el exceso de peso se combina con sedentarismo e hipertensión, el riesgo cardiovascular se multiplica. Y Argentina, donde 7 de cada 10 adultos tienen sobrepeso u obesidad, tiene una ecuación complicada.
Qué pasó en la pandemia y el pospandemia
El salto del 73% en muertes por infarto en menores de 60 tiene varias explicaciones posibles que los especialistas todavía están estudiando. Algunas de las más mencionadas:
Aumento del sedentarismo. El confinamiento aceleró hábitos que ya venían instalándose: menos movimiento, más tiempo frente a pantallas, peor calidad de sueño.
Deterioro de la salud mental. El estrés crónico y la ansiedad sostenida tienen un impacto directo y medible sobre el sistema cardiovascular. Los años de pandemia dejaron una carga emocional que no desapareció cuando terminaron las restricciones.
Retraso en los controles. Millones de personas postergaron sus chequeos de rutina durante la pandemia. Hipertensiones sin diagnosticar, colesterolemias sin tratar, arritmias sin detectar.
Inflamación post-COVID. Hay evidencia creciente de que la infección por COVID-19 puede generar inflamación vascular que eleva el riesgo cardiovascular, incluso en personas que cursaron la enfermedad de forma leve.
La prevención que empieza antes de los 30
La cardiología preventiva tiene un mensaje claro: los hábitos que se instalan en la juventud determinan en gran medida la salud cardiovascular en la adultez. No hay que esperar a los 50 para empezar a prestar atención.
Los chequeos básicos que todo adulto debería tener actualizados, independientemente de la edad:
Presión arterial. La hipertensión afecta al 36% de los adultos argentinos y la mayoría no lo sabe.
Perfil lipídico. Colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos. Un simple análisis de sangre.
Glucemia en ayunas. Para detectar prediabetes antes de que se instale la diabetes tipo 2.
Peso e índice de masa corporal. No como juicio estético sino como marcador de riesgo metabólico.
Ninguno de estos controles requiere síntomas ni urgencia. Requieren una consulta médica de rutina y, en algunos casos, un análisis de sangre. Herramientas sencillas que pueden cambiar el curso de lo que viene.
La pregunta que vale hacerse hoy
¿Cuándo fue la última vez que chequeaste tu presión o tu colesterol? Si la respuesta es "hace más de un año" o "nunca", este es un buen momento para cambiar eso.
El infarto no avisa. Pero los factores de riesgo sí dejan rastros — si uno sabe dónde mirar.









